La Herida Atencional
Lo que la economía de la atención extrae y lo que el cuerpo no puede entregar
Cada segundo, nuestros sentidos envían al cerebro unos once millones de bits de información. Procesamos conscientemente quizá cuarenta. El resto se filtra, se suprime, se desvanece. Ese límite biológico se volvió la materia prima de una industria que aprendió a aprovechar no solo los cuarenta bits que alcanzamos a registrar, sino los millones que pasan por debajo del umbral de la conciencia. La extracción ocurre antes de que exista elección.
Conocemos la crítica de siempre. La atención convertida en mercancía, cosechada y vendida. Los smartphones, las redes sociales, los feeds algorítmicos. El refuerzo variable, el scroll infinito, las notificaciones sin fin. La concentración rota, el discurso superficial, la democracia en riesgo.
Este marco —la atención como recurso que otros pueden cosechar— se ha vuelto tan común que ya ni lo notamos. Hablamos de prestar atención como si fuera dinero, de gastar tiempo como si fuera capital. Las metáforas revelan la colonización, pero esconden algo central: la atención no es un recurso. Es una relación. Y empieza en el cuerpo.
La Economía de la Atención como Sistema de Trauma
Lo que aún no hemos dicho con claridad es esto: la economía de la atención es un sistema de traumatización masiva. No en metáfora. Neurobiológicamente. Induce el mismo estrechamiento defensivo que el trauma, pero a escala poblacional. Cambia el tamaño del evento, no la arquitectura: constricción, estrechamiento, colapso de la presencia. El cuerpo aprende a salirse de sí.
El Paralelo en Terapia
En terapia, veo qué ocurre cuando el sistema nervioso aprende que sentir es peligroso. La respiración sube al pecho. Los ojos buscan salida. Los hombros se tensan. La conciencia se reduce hasta un punto mínimo. El cuerpo se contrae alrededor de lo que parece tolerable.
Es una respuesta adaptativa. El trauma enseña que ciertas experiencias no se pueden sostener, así que el cuerpo reduce la exposición. La constricción alivia por un momento, pero a largo plazo trae pérdidas: menos sensación, menos conexión, menos capacidad de estar presente ante lo difícil.
Ahora miremos el entorno atencional que habitamos.
El refuerzo variable entrena el reflejo de orientación hacia la alerta constante.
Las notificaciones disparan micro-sobresaltos todo el día.
El scroll infinito explota nuestra dificultad para cerrar ciclos incompletos.
Cada decisión de diseño optimiza para engagement superficial, estrecho y breve.
Transitorio. Involuntario. Capturable.
Ambos entornos saturan al sistema. Ambos producen constricción. Ambos reducen la ventana de tolerancia: el rango en el que el sistema nervioso puede sostener experiencia sin colapsar. El cuerpo aprende que la presencia misma es insegura.
Quienes desarrollamos nuestro sistema nervioso antes del smartphone lo vivimos como deterioro.
Quienes nacieron dentro del aparato de extracción no tienen un “antes”.
Su línea base es un sistema nervioso en guardia, no en reposo. Para ellos, expandirse no es recuperar. Es desarrollar algo que siempre estuvo ahí pero nunca tuvo espacio para crecer.
Lo Que Falta
Las respuestas dominantes se dividen en dos:
Disciplina: desintoxicación digital, límites de pantalla, fuerza de voluntad.
Estructura: regulación, antimonopolio, transparencia algorítmica.
Ambas son necesarias. Ninguna toca el cuerpo.
La desintoxicación digital intenta resolver un problema fisiológico con fuerza de voluntad.
No se puede salir de una respuesta traumática a base de empuje. Cuando la voluntad se agota, la conducta vuelve.
La regulación corrige la oferta, pero no la demanda. Aunque toda práctica predatoria desapareciera mañana, seguiríamos viviendo en cuerpos moldeados por años de sobreestimulación crónica. La capacidad no regresa sola. Hay que reconstruirla.
Lo que falta es capacidad somática: la habilidad del sistema nervioso de tolerar experiencia sin contraerse.
No es habilidad cognitiva. Es estado fisiológico.
No se legisla la resonancia. No se “desintoxica” la profundidad.
La capacidad de estar presentes ante lo difícil se cultiva en el tejido.
La Inversión Táctica
Cuando sentimos la atención amenazada, intentamos protegerla:
cuidar el enfoque, levantar límites, construir muros.
Pero la protección repite la misma forma del trauma. Los muros estrechan el campo.
Constrictión sigue siendo constricción.
La verdad contraintuitiva: el antídoto al estrechamiento es la expansión.
No la protección. No la evitación.
Expansión en los lugares donde antes colapsábamos.
Una ventana estrecha permite que casi todo abrume. Una ventana amplia hace tolerable lo que antes saturaba.
No hace falta controlar el entorno si el cuerpo puede sostener más.
Amplitud, Profundidad, Duración
El trabajo se mueve en tres dimensiones:
Amplitud: extender la sensación a más zonas del cuerpo. Lo que abruma suele quedar atrapado en un punto estrecho: garganta, pecho, estómago. Llevar conciencia a zonas adyacentes distribuye la intensidad.
Profundidad: pasar de la tensión superficial a la presencia arraigada. La atención superficial va de la mano con una respiración superficial. Profundizar es permitir que la experiencia aterrice.
Duración: permanecer un poco más de lo que el sistema nervioso cree posible. Cada segundo adicional reescribe la predicción de peligro.
No son técnicas de relajación.
Son formas de ampliar la capacidad fisiológica que la atención sostenida requiere.
La Práctica
Cuando sientas el impulso de revisar el teléfono, pausa.
No aprietes. No contengas. Observa qué forma tiene la urgencia en el cuerpo.
¿Dónde vive? ¿Pecho? ¿Cara? ¿Dedos?
Luego amplía: piernas, espalda, contacto con el asiento, aire en la piel.
No es distracción. Es expansión.
Quédate un poco más de lo cómodo.
Deja que el ciclo suba y baje sin actuar.
Eso es el sistema nervioso aprendiendo seguridad.
Y si aun así revisas, está bien.
El punto nunca fue “no revisar”. Fue interrumpir el reflejo.
Notar antes de actuar devuelve elección. Lo que encuentres ahí, lo encuentras desde un cuerpo más amplio.
Esto no va de productividad.
Va de capacidad.
Del Cuerpo al Cuerpo Político
Lo personal es fisiológico. Lo fisiológico es político.
La capacidad de imaginar otro camino depende de la capacidad de permanecer presentes en lo difícil. Cuando la atención colapsa en ciclos reactivos y superficiales, la posibilidad colapsa con ella.
No se puede sostener una democracia desde un sistema nervioso en modo supervivencia.
Y la extracción se profundiza.
Vertemos pensamientos, preguntas, la voz interior en sistemas que nos aprenden y nos venden de vuelta. La atención era la superficie. La interioridad es la nueva frontera.
Estamos tercerizando el trabajo que antes hacía el cuerpo.
La tecnología puede extender capacidad humana. Lo que hoy domina no extiende: reemplaza.
La IA puede ampliar razonamiento cuando el juicio sigue siendo humano. Pero el uso común sustituye el razonamiento.
Las redes sociales podrían extender vínculos, pero suelen simular conexión sin co-regulación.
El resultado se parece. El efecto en el organismo es opuesto.
Las Implicaciones Políticas
Cuando el cuerpo pierde la capacidad de presencia, los sistemas pierden la capacidad de posibilidad. Los mismos reflejos que moldean nuestro paisaje interno empiezan a moldear el paisaje público.
Fabricamos máquinas para capturar carbono mientras los bosques ya respiran gratis. Construimos centros de datos que consumen la energía de ciudades para reproducir lo que el sistema nervioso ya sabe hacer, si lo dejamos.
Lo que antes era gratuito ahora tiene precio. Lo que vivíamos en el cuerpo se vuelve suscripción.
Y el reemplazo siempre es peor que lo que desplazó.
La economía de la atención nos deja físicamente solos y digitalmente ligados. Suficiente señal para engancharnos, nunca suficiente para calmarnos. Seguimos hambrientos. Seguimos desplazándonos por la pantalla.
Los efectos se heredan. Niños criados por adultos distraídos heredan desregulación antes que lenguaje. Y ahora les damos pantallas—y cada vez más, chatbots—como sustitutos de la presencia que nosotros mismos luchamos por sostener.
El estrechamiento genera más estrechamiento. La identidad de marca elimina alternativas. Los regímenes políticos también. Controla la atención y controlas el encuadre. Controla el encuadre y controlas lo que es posible imaginar.
Una población entrenada en constricción atencional crónica está lista para el autoritarismo. No por ideología. Por fisiología. Enfoque estrecho. Horizonte corto. Alta reactividad. Baja tolerancia a la ambigüedad.
Antes de perder la capacidad de resistir, una sociedad pierde la capacidad de permanecer.
Lo que No Puede Ser Extraído
La capacidad del cuerpo de sentir y mantenerse presente no puede extraerse.
Es el único territorio al que la extracción no puede llegar por completo y el suelo sobre el que descansa toda posibilidad política.
Un sistema nervioso que puede ampliarse, asentarse y permanecer presente interrumpe toda la lógica de la captura.
La presencia rompe el hechizo.
La capacidad corta la extracción desde la raíz.
Presencia Colectiva
Todo lo que es cierto en un sistema nervioso individual lo es en uno colectivo.
Nos regulamos mutuamente: rostros, voces, respiración. Un cuerpo regulado calma a quienes lo rodean. Uno tenso contagia tensión.
Cuando los cuerpos se encuentran en un mismo espacio y comparten un mismo foco, el espacio se vuelve contenedor.
Un público en silencio.
Una multitud en ritmo.
Una comida sin prisa.
No son nostalgias. Son entornos reguladores.
La atención aislada es capturable. La colectiva no.
Está anclada en cuerpos, espacios y vínculos que no pueden monetizarse.
Una sociedad capaz de presencia compartida es más difícil de manipular.
Reclamación
No se trata de fortificar. Los muros imitan la respuesta traumática.
Se trata de reclamar: devolverle a la atención su función original como relación.
El cuerpo recuerda.
Antes del lenguaje, el bebé mira un rostro y entra en resonancia.
Esa capacidad no desaparece. Se contrae. Luego regresa con expansión.
La capacidad del cuerpo de sentir y permanecer es el único recurso que no puede extraerse.
Y es el prerequisito de la atención, la imaginación y la agencia política.
Lo que podemos sentir, podemos atenderlo.
Lo que atendemos, podemos sostenerlo.
Lo que sostenemos, podemos imaginarlo distinto.
No es metáfora.
Es la arquitectura del sistema nervioso.
La tarea es expandirnos hasta que la captura sea imposible.
La presencia es el requisito.
La expansión es el método.
La resonancia es la meta.
Nota sobre Influencias
Tim Wu, The Attention Merchants. Wu traza la historia de la atención como commodity, desde la prensa popular hasta la propaganda, la radiodifusión y la era digital. Su idea central es clara: el modelo de negocio que trata la atención humana como materia prima para ser cosechada y revendida ha moldeado no solo la publicidad, sino la arquitectura misma de la vida moderna. Documenta el ciclo recurrente de captura atencional, reacción pública y adaptación de la industria, cada ola empujando los intereses comerciales más adentro de la vida privada.
Hartmut Rosa, Resonance. El sociólogo alemán sostiene que la calidad de la vida humana no depende de los recursos acumulados, sino de la calidad de nuestra relación con el mundo. La resonancia, su término para la conexión vibrante y responsiva entre el yo y el entorno, se opone a la alienación, que describe como el silenciamiento de esos ejes relacionales. Rosa ubica la raíz de la patología moderna en la “estabilización dinámica”, el requerimiento estructural de que las sociedades capitalistas deben acelerar y expandirse continuamente solo para mantenerse.
Raja Selvam, The Practice of Embodying Emotions. Psicólogo somático, Selvam sintetiza tradiciones de psicoterapia corporal con la neurociencia contemporánea. Su aporte central: la tolerancia emocional aumenta cuando podemos expandir la experiencia a más zonas del cuerpo en lugar de contraerla en regiones estrechas. Amplitud, profundidad y duración se vuelven las variables clínicas. Su trabajo vincula la Teoría Polivagal, el Enfoque Somático y la psicología del desarrollo en un marco coherente para el procesamiento emocional corporal.
Christine Rosen, The Extinction of Experience. Rosen analiza cómo la mediación digital reemplaza de manera sistemática la experiencia directa y corporal con sustitutos vicarios y virtuales. Apoyándose en la filosofía, la crítica cultural y las ciencias sociales, sostiene que no solo estamos perdiendo atención, sino la capacidad misma de presencia genuina. El libro es un lamento humanista y una advertencia sobre las consecuencias de la pérdida de lo corporal.
Ruha Benjamin, Imagination: A Manifesto. Benjamin, socióloga de la ciencia y la tecnología, reenmarca la imaginación como un territorio político. ¿Los sueños de quién reciben apoyo? ¿Los futuros de quién se construyen? Rastrea cómo los imaginarios dominantes colonizan la posibilidad misma, mientras las comunidades marginalizadas han cultivado siempre una imaginación liberadora como práctica de supervivencia. El libro insiste en que la capacidad de imaginar otros mundos debe democratizarse y protegerse.
Annie Murphy Paul, The Extended Mind. Paul sintetiza investigaciones en ciencia cognitiva que muestran que el pensamiento se extiende más allá del cerebro hacia el cuerpo, el espacio físico y otras personas. Su marco hace una distinción clave: algunas herramientas extienden la cognición, aumentando la capacidad mientras el núcleo permanece intacto; otras la reemplazan, simulando el resultado mientras la habilidad subyacente se atrofia. Un cuaderno extiende la memoria. No reemplaza la capacidad de pensar. Este ensayo aplica esa prueba a la economía de la atención y encuentra más reemplazo que extensión. Estos sistemas sustituyen el razonamiento, simulan conexión sin co-regulación y vacían las capacidades que imitan. Muchas personas recurren hoy a la IA con preguntas que no tienen respuesta factual, no para obtener información, sino para buscar consuelo. El chatbot ofrece algo que hacer en lugar de permanecer con la dificultad. Ese es el reemplazo en su forma más íntima: no el pensamiento tercerizado, sino el sentir evitado.


